De nuevo volvía a caminar entre esos desgastados árboles y allí estaba,
frente a mí. Con sus majestuosas y diminutas alas de fuego. Quedé hipnotizada
por un momento. Me veía en el reflejo de sus ojos. O es que miraba directamente
hacia mi alma. La que en un apacible aleteo se alejaba de mí. No la perdí de vista.
Es que realmente no se iba. Volaba en los alrededores posándose en lugares para
que pudiera apreciarla. Me dejaba en un introspectivo estado. Resulta triste el tiempo
que llevaba sin verte. Esa tarde nuevamente me reencontraba conmigo misma.
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