7 de abril de 2015

huella degollada

Se ha perdido la huella vehemente de amanecer en amanecer. Buscando algo de vida, algo de brisa, algo de muerte, Esperando a madrugar!, a sacrificar! Y tu respiras profundo y te agitas, te agitas entre los mantos de este amanecer que se prolonga, que se hace eterno, en un fulgor de impaciencia que te quema la carne insensible, espectante por el siniestro que se promete a si mismo morder cada respiro, y cada gesto de decadencia, de retroceso. Toda una vida esperando una vida, esa vida que se consume de pestañeo en pestañeo, y pronto recuerdas que los días se hacen mas lentos cuando el tiempo es inerte, y el cuerpo yace cansado y agónico por las horas perdidas, por este consentimiento al desgaste, a la ojera mezquina. Brinco de noche en noche, como una pulga noctámbula.
Hay una inquietud que también amanece con este eclipse solar; y es está molesta sensación de individualismo. Se aclara el cielo y las cabezas tienen fugaces luces de cordura, de compostura, de anhelado orden!! La huella vehemente. La huella vehemente, en realidad, no existe. Se ha borrado a sí misma por el camino. De amanecer en amanecer. De despertar en despertar. Porque cambia, se renueva, y espera sacrificarse en un momento, de nuevo, para nacer. Para seguir viva.
Y tu respirar es hondo y te agitas por el nuevo día. Allá.
Se ha perdido, para encontrarse.
Así consecutivamente hasta poder anochecer en paz.




No hay comentarios: